dilluns, 31 de maig de 2010

Carmen

Conocer a Carmen ha sido un regalo. Un regalo de los buenos. Yo de mayor quiero ser como ella, pero el listón lo está dejando demasiado alto. En sus ochenta años perfectament llevados no solo me gana en edad: su piel está en un estado que da envidia, tiene una energía que ya la quisiera para mi, escribe con el corazón y como los ángeles, ha sido capaz de emocionarme en cada frase que ha hecho, habla de si misma con humildad (que difícil de encontrar, es esa cualidad), tiene sentido del humor, sabe reir como si tuviera quince años y se sonroja cuando se siente halagada.
Me pareció que formaba parte de un cuadro, la primera vez que la vi. Estaba sentada ante un lienzo cuyo dibujo era un paisaje y Carmen parecia salir de ahí, le daba luz. Despertó mi curiosidad al momento. Y al dia siguiente la tenía ante mi, con sus folios impolutos, a punto para escribir dándo a cada palabra el sentido exacto y el lugar preciso en cada frase. Y dice que sólo lo hace para y por sus nietos, para que sepan todo lo que le ha pasado en esa vida larga y vivida, como estudió, contra viento y marea, una carrera universitaria que nunca pudo ejercer porqué la misión de una mujer era casarse y tener hijos, algo de lo que nunca se ha arrepentido. No consiguió hacer un ajuar "como dios manda". Sólo hizo un mantel que estrenó una vez se quedó sola en casa, ya sin marido y con los hijos haciendo su vida, con la autonomia e independencia que ella, seguro, les supo enseñar.
Me conmovió su serenidad, la paz que salia de sus palabras, escritas y habladas y su aspecto de dama que vi salir de un cuadro. Se que la conocí poco, se que no será fácil que nos volvamos a ver, pero también siento que tengo una nueva amiga. Gracias, Carmen. Gracias.

1 comentari:

Pat Rizia ha dit...

inolvidable Carmen, qué maravilla, qué ángel